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Hay un Acosador entre nosotras

Hay un Acosador entre nosotras

Antes de que abras los ojos, él ya sabe que estás despierta. Ha aprendido tus rutinas y sabe lo primero que haces todas las mañanas. Él logra que sientas hormigueo en el pecho o que las manos te tiemblen sin ningún motivo. Inclusive ha estado ahí cuando recoges más cabello de lo normal en el desagüe de la ducha y se burla de tus “tapaojeras” o tus uñas descascarilladas. Adonde vayas, él te sigue y, sin darte cuenta, te convencerá de vivir en excesos.
Por él aprendiste a maldecir cada carro que te cruzas y por él terminarás enojándote con tu pareja, gritándole a tus hijos o inclusive no lograr quedar embarazada. Llega la hora de dormir y ya sientes tu corazón palpitando o tu mente a mil por hora. Seguirá acosándote y disfrutará convertirte en una víctima más. Pero lo más increíble de él es que por ser el asesino en serie que es conseguirá pasar desapercibido y terminarás culpando a otros menos a él.
El nombre de tu acosador: el estrés. Él parece haberse instaurado en la vida de todas y lo hemos aceptado como parte de ella. En estos tiempos, no solo el trabajo es factor de estrés, sino también nuestros círculos familiares, sociales y personales. Sería una falacia decir que en ningún momento de nuestras vidas hemos estado expuestas a él.
Verán, nuestro cuerpo está hecho de tal forma que ante una situación “peligrosa” entramos en estado de alerta, activamos nuestro sistema de defensa, que nos dirá si debemos “huir o pelear”. Nuestro cerebro (el hipotálamo) recibe el mensaje de estrés, por lo cual manda la orden de activar la adrenalina. Seguido de esto, se manda a la corteza suprarrenal soltar la hormona llamada cortisol (entre otras hormonas que no detallaré) para que esta dispare el azúcar en tu sangre y aumente tu presión para poder tener energía y sobrevivir a la situación de peligro. El proceso biológico es un poco más complejo, pero cuando “pasa la tormenta”, es necesario entrar en modo “recuperación”, ya que el cuerpo pide descansar para volver a su estado original y reponerse del desgaste. El peligro está en que nos encontramos llevando un estilo de vida en el que estamos constantemente en estado de alerta, lo que tiene repercusiones graves sobre nuestro cuerpo.
Las mujeres somos las más afectadas con el estrés por nuestra predisposición genética, nuestro sistema hormonal y, no está de más decir, por la presión social y cultural que se resiente al ser “mujeres maravilla”. Si no cuelgas la capa de vez en cuando, puedes llegar a sobrecalentarte y posiblemente vivir lo que los profesionales de la salud llamamos el síndrome del “burnout” (quemado), caracterizado por un trastorno emocional severo asociado a la ansiedad severa y la depresión. Esta última puede resultar muy peligrosa si el desbalance emocional se torna intenso y crónico. Cabe añadir que el suicidio también ha sido vinculado al mal manejo del estrés.
¿Te sientes identificada? Para defenderte de él, es necesario aprender estilos de vida más sanos. Una alimentación saludable, sueño reparador y actividad física pueden ser el coctel perfecto para la recuperación de tu cuerpo.
Ante los síntomas de ansiedad, el mejor remedio es la respiración profunda y, por último, la búsqueda de un profesional. Al final de cuentas, una vez que le hayas ganado la batalla al estrés, qué mejor que ponerse el disfraz de mujer maravilla, aceptar el premio por desempeño o sencillamente porque la capa va bien con esos nuevos zapatos.

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