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Un día para mamá

Un día para mamá

Convertirme en madre ha sido quizás uno de los cambios más complejos y profundos que he podido experimentar sin a veces poder ponerle palabra a todo lo que siento y pienso ( Y eso que soy psicóloga). Es como una metamorfosis continua. Todo cambia.  En ti, hay un profunda restructuración del yo; de tu identidad. Hay un despertar de emociones, muchas nuevas y otras más antiguas, quizás de tu propia infancia. Todo cambia a tu alrededor; ocurre un nuevo simbolismo a las cosas que quizás antes considerabas banales como lo eran los cambiadores, tener fiebre o lo que es dormir una noche completa.   Hay una redefinición de lo que es un evento y que cobra una importancias increíble: ese primer paso, esa graduación, las fiestas de cumpleaños, muy pronto la navidad y porque no también; el día de las madres.

Pero, ¿Qué significa el Día de las Madres? Desde una hijo/a puede ser la posibilidad de expresar gratitud por todo lo que nos ha dado nuestra madre, demostrarle nuestro amor y premiar esa mujer con regalos, tarjetas y quizás una serenata. Pero para una madre, ¿Qué significa?

Para mi, es una mezcla de constante extremos. Es proteger y soltar, dar espacio y poner límites, es amar pero en momentos también enojarse, es estar cansada y sacar energía, es querer decir “si” a todo pero entender que el “no” es igual de importante. Es dudar de todas tus decisiones y finalmente  acatar con una. Es perdonarte cuando no querías equivocarte pero lo hiciste. Es dar todo de ti pero también darte a ti. Es acertar y fallar constantemente. Es sentirse atrapada en los movimientos de la mecedora, que a veces calman, pero otras veces marean.

Es ser responsable por completo de otra persona y cuando ya logras acostumbrarte, toca entonces soltar. Es a veces hacerlo todo al revés. Como profesional, muchas veces pasamos de la teoría a la práctica. Como madre a veces no encontramos ninguna teoría y saltamos a la práctica, como se pueda, esperando acertar, con un ojo cerrado y el otro entreabierto; tal cual una película de miedo.

No hay reto más grande que criar a otro ser humano, no hay satisfacción más grande que lograrlo pero así mismo no hay labor más difícil que está. Y ni hablemos de los miedos. Los miedo reales, irreales, los pensamiento que acechan, los fantasmas de tu pasado, las reglas de las otras generaciones, y el sin fin de presiones sociales. Todo aquello que te hacen a ti sentirte a veces chiquitita queriendo refugiarte en los brazos de quienes te daban protección. Inclusive a veces refugiarte en los abrazos de tus propios hijos. Los miedos; esos también tocan enfrentarlos.

A veces la batalla es contigo misma (muchas veces lo es) Tal cual como cuando crees que dominas un aspecto de la maternidad; la vida te pone un reto nuevo y ahí te encuentras, una vez más inexperta, indefensa y vulnerable mirando a todos lados en busca de soluciones para sólo encontrarte con la verdad absoluta: No hay manual para ser padres.  A veces se utiliza el corazón, otras veces la cabeza. Muchas veces se puede pedir consejos y en otras toca educarse. El aprendizaje es constante y es mutuo. El de los hijos y el nuestro.

Quizás viéndolo así, un día al año definitivamente no es suficiente para celebrar el rol de una madre y reflexionar nuestros últimos cambios o nueva muda de piel. Pero quizás con sólo un día podemos mirar atrás en los últimos 365 días todo lo se ha logrado, todo lo que se ha sembrado y cosechado. Sentir que a pesar del cansancio, las frustraciones, y los sustos; al final, no cambiarías nada de tu vida. Es encontrar en ti un caleidoscopio de emociones y recuerdos; siempre cambiante, siempre latiendo. El día de las madres es simplemente celebrar el día en que convertiste en mamá.

A ti entonces mamá, que hoy lo has hecho bien, y quizás mañana lo harás aún mejor. Pero eso, eso es cosa de mañana. Ya tu sabes…

¡Felicidades Mamá!

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