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Adolescencia: Una parada obligatoria

Adolescencia: Una parada obligatoria

Hace poco me escribió una lectora pidiendo unas recomendaciones sobre unos libros que podrían ayudar a su hijo adolescente, quien estaba atravesando cambios drásticos a nivel académico y sobretodo mostraba mucha ansiedad. Pendiente de ver que libros le convendrían, la oriente a que su hijo hiciera actividad física para liberar las tensiones y en lo académico, enfocarse en una reorganización.
Sin embargo, me quedé con la duda de cuantos padres se sienten preocupados y hasta cierto grado impotentes a la hora de ayudar o inclusive conectar con sus hijos adolescentes. Recuerdo durante mi licenciatura ver a la mayoría de mis colegas huirles a las prácticas profesionales que involucrarán adolescentes sin embargo a mí me parecían un desafío interesante. Y es que a veces parece que la sociedad ve a estos jóvenes en constante cambio como una especie de extraterrestres que acechan y ahuyentan. ¿Acaso se nos olvida con tanta facilidad lo que fue ser adolescente? Quizás algunos lo reprimen por que fue tan desastroso y es mejor no voltear a ver, pero difícil o no, llegamos a ser quienes somos pasando por ese mismo camino.
El adolescente parece entablar una lucha contra los demás y el mundo entero pero sobretodo, consigo mismo. Nada es como era, pues el cuerpo va cambiando sin pedir permiso y nada parece a lo que pensaban que sería (nuestras expectativas nos jugaron una mala pasada). El cerebro ha estado cambiando constantemente desde el nacimiento pero es cuando entra en plena pubertad que empieza lo importante. Los adolescentes pasan de haber seguido un modelo de obediencia y dependencia a finalmente desarrollar su propio sistema de valores y principios éticos, buscando autonomía que a menudo termina chocando con todos esos nuevos desafíos sociales y culturales.
Entre la mil conexiones cerebrales, deben además lidiar con el sistema neurohormonal, que aceptémoslo; tampoco fue fácil para nosotros. Entre el aumento de testosterona en los varones que viene acompañado de olas agresivas, desafiantes y demás, las chicas deben sobrevivir a los altibajos emocionales y extrema sensibilidad. Y eso, es lo que se vive con uno mismo. Luego surgen los enamoramientos platónicos, las inevitables desilusiones, la búsqueda por pertenecer a algo en este mundo, las constantes burlas de los demás que sólo proyectan su propia inseguridad y que al final, todos buscan alguien que los entienda o los saque de este mundo. Pero mientras sólo queda sobrevivir a la impulsividad, evitar de buscar métodos de escape no sano (qué están a la orden día) para luego lograr algo de autocontrol. En fin, queda mucho más por añadir pero esto es un pequeño resumen de lo que ocurre en la vida de un adolescente…un día normal. Nuestro trabajo de “8 a 5” ya no suena tan agotador ¿verdad?
Entonces se preguntarán: ¿y que hago con toda esta información? Pues, aún sin manual en mano, las herramientas que parecen funcionar mejor siguen siendo la aceptación autentica, la escucha atenta, el reconocer las emociones, poner límites claros pero permitir negociaciones, ser empáticos pero firmes, y sobretodo respirar. Es una etapa de muchas experiencias bonitas y debemos incentivarlos a que la vivan de la misma forma que lo hicimos. Y al final, recordar que no dura para siempre (aunque aceptémoslo, algunos seguimos luchando con nuestra impulsividades y autocontrol siendo ya adultos).

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